lunes 23 de febrero de 2009

Ella.

No debería insistir.
Mientras estrujo su recuerdo.
Y lo oculto en una cajita.
Que olvidare en el fondo de mi memoria.
No debería insistir.
Inconsciente.
Si juego a indagar…
El dolor se olvida con dolor?
Me tildarían de demente.
Iluso que se empeña en maltratar su corazón.
Tras cada palabra que sale de su boca.
Y no percibe las ganas que tengo de verla.
Y se dispersa. Se aleja.
Como yo evado la responsabilidad de olvidarla.
Doy vueltas sin sentido en la forma de llamar su atención.
Y no logro nada.
No debería insistir.
Debería primero callar ese dolor que parece escucharse.
Erguirme sobre esa montaña de recuerdos.
Que cuando se trata de volver a tropezar las piedras son más grandes.
Como si la suerte conociera tu dolor y se ensañara en darte cartas bajas.
Y abandonar antes de empezar a jugar.
Siempre es lo mismo.
Todos nos aferramos a alguien para que nos empuje?
Yo no quiero.
No quiero que me enseñe que el dolor es solo una reacción del corazón.
Que me cuente las cosas comunes que dicen en vano.
Yo solo guardaré su recuerdo.
Como siempre.
En vano.

miércoles 28 de enero de 2009

Dados.

No. No abandoné.
No. No huí.
En este proceso de documentar el dolor.
Me toca la parte más difícil.
Nada ha cambiado.
Sufrí un letargo.
Una inconsciente forma de olvidar.
Una sutil mentira, que ya debería haber creído.
Finjo el olvido. Nadie me ve mal.
Todos celebran la recuperación.
Yo se que es una farsa.
Y hoy que debo contar de que va esta historia.
Veo que estoy parado en el mismo casillero.
Que los dados salieron en blanco.
Que todos juegan.
Yo no se cual es la meta.
Y mi pared es cada vez es más alta.
Siento un deja vu constante de lo que debería evitar.
Y no.
No puedo.
El tiempo, que para todo vuela.
Para cada acto de mi vida, pasa implacable.
Se empecina en detenerse.
Logra que estés presente.
Ahora.
Mientras sin miedo al ridículo estallaría en lágrimas.
Y veo que se eriza mi piel si vuelvo a recordarte.
Ahora.
Que vuelvo a engañarlos.
Diciendo que el dolor no es tan intenso.
Que vuelvo a mentirme.
Y miro los dados.
Y siguen en blanco.

jueves 4 de septiembre de 2008

Hechizo.

Se que quise colgarlo de un perchero.
Arrojarlo por ahí.
Subestimarlo.
No sé.
Hundirlo en tierra.
Perderlo. Negarlo.
Quizás, cambiarlo por otro.
Conseguir uno nuevo.
Uno sin sobresaltos importantes.
Que cumpla solo funciones vitales.
Y no se empeñe en recordarte.
Que comprenda que el amor no es vital.
Que sea una piedra.
Por dentro y por fuera.
Que no claudique con alguna noticia.
Y se mantenga al margen.
Que diga que no antes que si.
Que no se ilusione ante algún rumor.
Debe tener muy presente que el olvido cuesta.
Y que las heridas se quedan con el.
Yo ya no quiero soplarlas.
Pretendo sobre todo que no vuele.
Que se quede en su lugar.
Y no me explote en el pecho cuando me acuerdo de vos.

miércoles 27 de agosto de 2008

Estigma.

Creo que es la única solución posible.
Sin dudas.
Así, sin más.
Miro el piso. La gente. No tengo miedo. No hay pesar.
En la sala hace frío. En mi también.
Se el veredicto de memoria. Solo quiero escucharlo.
El juez llama al primer testigo.
Mi abogado me mira y yo ya no tengo tiempo de explicarlo.
Su aire de resignación me perturba.
Es solo el principio.
Una a una las testigos van pasando.
Nunca pensé que fueran tantas.
Escuchándolas veo escenas de mi vida.
Algunas tienen bronca. Otras odio. Muchas, indiferencia.
Y quiero negarles el perdón.
Las otras, las que crearon alguna que otra lagrima.
Que puedo decirles?
Los alegatos terminan.
Yo no tengo nada que declarar.
No hay coartada posible.
Ya me hundí mil veces de pie.
Y volvería a hacerlo.
De repente soy el juez.
Ahora si puedo decidir.
Lo condeno a soledad perpetua con cumplimiento efectivo.
Gracias.
Lo estaba esperando.

domingo 10 de agosto de 2008

Antes.

Pasaron ya casi tres semanas.
Guardé tu presencia en mi mochila y me fui.
No miré atrás. No me despedí. No hubiera podido.
Pase todo el día buscando la forma de observarte.
Guardé cada momento como una diapositiva tuya.
Pensar que dudé en cambiar de trabajo.
Solo para poder verte todos los dias.
Es así. Aunque cueste creerlo.
Me hubiese quedado ahí eternamente.
Aunque ya no haya mas nada.
Por esa costumbre de los pequeños detalles que no siempre me ayudó.
Esa tarde no te diste cuenta que cada vez que me hablabas
mis ojos te miraban esperando que digas que me quede.
Que iluso no?.
Tengo guardado cada minuto de ese día.
Desde el pasillo que recorrí mil veces con excusas inventadas solo para verte.
Hasta el ascensor que dejé pasar tantas otras solo para coincidir con vos.
Me llevé todo conmigo.
Hasta las ganas de decirte que me estoy muriendo por vos.

jueves 24 de julio de 2008

Duda.

A veces me pongo en el papel de otra persona observándome.
Lo veo sufriendo, con pocas ganas de ocultar el dolor.
Girando siempre alrededor de lo mismo.
Hablando de cualquier cosa pero pensando siempre en lo mismo.
Con los ojos ciegos, no perdidos. Sin rabia en la mirada.
Triste. Apesadumbrado. Increíblemente dolido.
Observándolo descubro que forma tiene la angustia.
Creo poder descubrir cada fibra de su tristeza.
Por un momento me libero del peso de su cruz.
Quiero decirle que es fácil. Pero me es increíblemente difícil.
Por que no puedo entender lo que el quiere?
Empiezo a sentir que el esta dispuesto a convivir con el dolor.
Aunque suene raro, lo tiene tan presente que es parte de el.
Y viéndolo así descubro que no me es ajena la añoranza de melancolía.
O soy el único que ha extrañado sentirse así?
No se.

martes 8 de julio de 2008

Consejos.

No.Punto.
No se que hacer con vos.
Es trillado pero es así. No lo se.
Tengo en la mano un montón de soluciones vanas.
Recopilé formas, consejos.
Escuché. Creo que fui escuchado.
Transito la parte en que me apabulla la tristeza
Pero aún con ganas de verte.
Y el dolor juega un rato conmigo y se va.
Vuelve a veces, temprano para irse tarde.
Logra las lágrimas que guardé.
Las angustias que mezquiné.
Me inunda hasta asquearme.
Y desaparece.
Vuelve justo cuando me siento feliz.
Justo cuando empiezo a creerme la risa.
Cuando las copas, parecen decirme porque no?
Me devuelve al suelo en pocos segundos.
Y echa en cara toda mi hipocresía.
Me recuerda constantemente que no estas.
Como si no lo supiera.